lunes, 12 de agosto de 2019

2 REYES. CAPÍTULO 19.

191Cuando el rey Ezequías lo oyó, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y fue al templo; 2y despachó a Eliacín, mayordomo de palacio; a Sobná, el secretario, y a los sacerdotes más ancianos, vestidos de sayal, para que fueran a decirle al profeta Isaías, hijo de Amós:
3-Así dice Ezequías: Hoy es un día de angustia, de castigo y de vergüenza; los hijos llegan al parto y no hay fuerzas para darlos a luz. 4Ojalá oiga el Señor, tu Dios, las palabras del copero mayor, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para ultrajar al Dios vivo, y castigue las palabras que el Señor, tu Dios, ha oído. ¡Reza por el resto que todavía subsiste!
5Los ministros del rey Ezequías se presentaron a Isaías, 6y éste les dijo:
-Decid a vuestro señor: Así dice el Señor: <<No te asustes por estas palabras que has oído, por las blasfemias de los criados del rey de Asiria. 7Yo mismo le meteré un espíritu, y cuando oiga cierta noticia, se volverá a su país, y allí lo haré morir a espada>>.
8El copero mayor regresó y encontró al rey de Asiria combatiendo contra Libna*, pues había oído que se había retirado de Laquis 9al recibir la noticia de que Tarjaca, rey de Etiopía, había salido para luchar contra él.
Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías a decirle:
10-Decid a Ezequías, rey de Judá: Que no ten engañe tu Dios, en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. 11Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, 12¿y tú te vas a librar? ¿Los salvaron a ellos los dioses de los pueblos que destruyeron mis predecesores: Gozán, Jarán, Résef, y los adanitas de Telasar? 13¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Sefarvain, de Hená y de Avá?
14Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró:
15<<Señor, Dios de Israel,
sentado sobre querubines:
Tú sólo eres el Dios de todos
los reinos del mundo.
Tú hiciste el cielo y la tierra.
16Inclina tu oído,
Señor, y escucha;
abre tus ojos, Señor, y mira.
Escucha el mensaje
que ha enviado Senaquerib
para ultrajar al Dios vivo.
17Es verdad, Señor:
los reyes de Asiria
han asolado todos los países
y su territorio,
18han quemado todos sus dioses
-porque no son dioses,
sino hechura de manos humanas,
leño y piedra-
y los han destruido.
19Ahora, Señor, Dios nuestro,
sálvanos de su mano
para que sepan
todos los reinos del mundo
que tú solo, Señor, eres Dios>>.
20Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías:
-Así dice el Señor, Dios de Israel: <<He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria>>. 21Esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: <<Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén.
22¿A quién has ultrajado
e insultado,
contra quién has alzado la voz
y levantado tus ojos a lo alto?
¡Contra el Santo de Israel!
23Por medio de tus mensajeros 
has ultrajado al Señor:
"Con mis numerosos carros
yo he subido
a las cimas de los montes,
a las cumbres del Líbano;
he talado la estatura
de sus cedros
y sus mejores cipreses;
entré en su último reducto,
en la espesura de su bosque.
24Yo alumbré
y bebí aguas extranjeras,
saqué bajo la planta de mis pies
todos los canales de Egipto".
25¿No lo has oído?
Desde antiguo lo decidí,
en tiempos remotos lo preparé
y ahora lo realizo;
por eso tú reduces
sus plazas fuertes
a montones de escombros.
26Sus habitantes
faltos de fuerza,
con la vergüenza de la derrota,
fueron como hierba del campo,
como verde de los prados,
como grama de las azoteas,
agostada antes de crecer.
27Conozco cuando te sientas 
y te levantas,
cuando entras y sales;
28cuando te agitas contra mí
y cuanto te calmas
sube a mis oídos.
Te pondré mi argolla en la nariz
y mi freno en el hocico,
y te llevaré por el camino
por donde viniste.
29Esto te servirá de señal:
Este año comeréis
el grano abandonado;
el año que viene,
lo que brote sin sembrar;
el año tercero sembraréis
y segaréis
plantaréis viñas
y comeréis sus frutos.
30De nuevo
el resto de la casa de Judá
echará raíces por abajo
y dará fruto por arriba;
31pues de Jerusalén 
saldrá un resto,
del monte Sión
los supervivientes.
¡El celo del Señor lo cumplirá!
32Por eso así dice el Señor
acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad,
no disparará contra ella
su flecha,
no se acercará con escudo
ni levantará contra ella
un talud;
33por el camino por donde vino
se volverá,
pero no entrará en esta ciudad
-oráculo del Señor-.
34Yo escudaré a esta ciudad
para salvarla,
por mi honor y el de David,
mi siervo>>.
35Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Por la mañana, al despertar, los encontraron ya cadáveres.
36Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí. 37Y un día, mientras estaba postrado en el templo de su dios Nisroc, Aframélec y Saréser lo asesinaron, y escaparon al territorio de Ararat. Su hjo Asaradón le sucedió en el trono.

Explicación.

19 El Templo es precisamente la garantía de la ciudad y de sus habitantes (por ejemplo, Sal 46; 48). El rey acude en actitud penitencial, como dispuesto a rezar un salmo de lamentación.

19,1 Is 37.

19,3 La imagen evoca esa maduración casi biológica de la historia, para el fracaso = dolores infecundos (Is 26,18).

19,4 Motivo de súplica frecuente en los salmos: que el Señor salga por su honor ultrajado (Sal 79,9-12; 74,10.18.22-23). "El Dios vivo" es título polémico en el contexto: diverso de los demás dioses, que son ídolos inertes (Sal 115).

Uno de los oficios del profeta es interceder (Jr 7,16; 11,14; 14,11). El concepto del resto es una pieza típica de la teología de Isaías: el resto es la continuidad del pueblo tras la tragedia, el resto vuelve al Señor (Is 1,9; 6,13; 10,29-21).

19,6 Se supone que Isaías ya ha rezado y ha recibido en respuesta un oráculo de salvación, como indica la fórmula "no te asustes".

19,7 A gran distancia de la patria, en su cuartel general de campaña, el emperador depende continuamente de las noticias que llegan desde el centro y desde la orla del enorme imperio. Y como las noticias tardan muchas veces en llegar, se van haciendo urgentes con el retraso. El "Espíritu" es un sentimiento de pánico o desconcierto, por el cual reacciona sin mesura a la noticia.

19,8 * = Alba.

19,9-28 Suena como segunda versión de la misma embajada, aunque podría ser una segunda más urgente. Se insiste en la escena histórica, con un brevísimo oráculo de Isaías, aquí lo narrativo se encoge, dejando espacio a la súplica del rey y al oráculo del profeta. El pueblo no entra en escena. Las palabras confiar y librar suenan otra vez, sin desarrollo.

19,10 Jr 20,7; 1 Re 22,20-23.

19,14 El gesto de desplegar la carta en el templo significa un dar a conocer al Señor los ultrajes.

19,15-19 La súplica abrevia el esquema clásico. La visión universal abre y cierra la plegaria. Es muy oportuna esta anchura de horizonte en aquel momento en que los hechos y las palabras del enemigo imponen una visión "universal" de la historia. En el escenario del mundo un emperador ha mostrado la impotencia de los ídolos, en el escenario de Jerusalén el Señor mostrará la impotencia de ese emperador. Será el acto culminante del drama, inesperado y sobrecogedor. Como un auto sacramental en vivo: Jerusalén, escenario para el mundo; todos los pueblos, el público.

19,15 "Sentado  sobre querubines", es decir, entronizado como soberano. Referencia al arca. Ex 25,18; Gn 1,1.

19,18 Dt 32,17.

19,19 1 Re 8,60.

19,20 A la súplica del pueblo o del rey suele responder un oráculo sacerdotal o profético: Isaías desempeña aquí dicha función. El oráculo se dirige contra Senaquerib, al estilo de los oráculos contra las naciones.

19,21 La ciudad asediada, doncella no sometida al vasallaje del señor extranjero, puede burlarse del conquistador de pueblos.

19,22 Senaquerib esta vez no ataca a un pueblo más, sino que se atreve sacrílegamente con el Santo.

19,23-24 El discurso recuerda Is 10; sólo que, en vez de pueblos, contempla la naturaleza sometida en sus campañas.

19,25-26 El Señor interrumpe el discurso arrogante (la misma técnica de Is 10) él es el verdadero sujeto de la historia. La planea con tiempo, la ejecuta en su momento; y el hombre es mero ejecutor del plan divino.

En contraste con los árboles centenarios del Líbano, los hombres se convierten en hierba efímera.

19,27-28 Como un domador que vigila todos los movimientos de una fiera y la reduce a la obediencia con un pequeño artificio (véase Job 40,25-32). La palabra hebrea "nariz" significa también cólera, "hocico" puede significar el lenguaje, y "camino" la conducta; es una ambigüedad irónica.

19,29-31 El oráculo de salvación para el rey y su pueblo empalma con el oráculo precedente, o con los versos 6-7. Es anuncio de paz a través del sufrimiento, de restauración, después de disminuir la población. La tierra continuará su ritmo fecundo, y lo mismo el pueblo, como árbol frutal. Jerusalén, último reducto de la resistencia, será nuevo comienzo de vitalidad, por el amor apasionado del Señor (Is 9,6).

Estos versos, originales de Isaías, plantan un sistema de símbolos que crecerán y se desarrollarán en la teología de la esperanza escatológica. Más tarde se podrán leer también ellos como expresión de dicha esperanza.

19,32-34 Tercer oráculo. El asedio no se coronará con el asalto final, con la conquista; en este sentido, la campaña de Senaquerib fue un fracaso, aunque el emperador cobró un fuerte tributo. Jerusalén es la ciudad de David, la ciudad de la presencia de Dios en el templo; éste será su escudo y salvación. Pueden verse: Sal 18,3.31; 33,20; 84, 12; 89,19.

19,35-37 Epílogo narrativo, presentado como cumplimiento de los oráculos precedentes.

19,35 Pudo tratarse de una peste violenta que diezmó el ejército y obligó a la retirada. El hecho está contado recordando la noche de la matanza de los primogénitos (Ex 12). En el paso del Mar Rojo, la mañana descubre los cadáveres (Ex 14,24).

19,36 En la retirada también pudieron influir las noticias de Egipto.

19,37 El narrador considera esta muerte violenta como castigo de Dios. Precisamente es asesinado en el templo de su propio dios, que no es capaz de librarlo. En rigor, Senaquerib murió veinte años más tarde, el 681; y su muerte fue el comienzo de la decadencia de su imperio.

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