lunes, 12 de agosto de 2019

2 REYES. CAPÍTULO 18.

HASTA LA CAÍDA DE JERUSALÉN

Ezequías de Judá (727-698) (2 Cr 29-32)

181Ezequías, hijo de Acaz, subió al trono de Judá el año tercero del reinado de Oseas de Israel, hijo de Elá. 2Cuando subió al trono tenía veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. 3Hizo lo que el Señor aprueba, igual que su antepasado David. 4Suprimió las ermitas de los altozanos, destrozó los cipos, cortó las estelas y trituró la serpiente de bronce que había hecho Moisés (porque los israelitas seguían todavía quemándole incienso; la llamaban Nejustán). 5Puso su confianza en el Señor, Dios de Israel, y no tuvo comparación con ninguno de los reyes que hubo en Judá, antes o después de él. 6Se adhirió al Señor, sin apartarse de él, y cumplió los mandamientos que el Señor había dado a Moisés. 7El Señor estuvo con él, y así tuvo éxito en todas sus empresas. Se rebeló contra el rey de Asiria y no le rindió vasallaje. 8Derrotó a los filisteos hasta Gaza, devastando todo su territorio, desde las torres de vigilancia hasta las plazas fuertes.
9El año cuarto del reinado de Ezequías, que corresponde al séptimo del reinado de Oseas de Israel, hijo de Elá, Salmanasar, rey de Asiria, atacó a Samaría y la sitió. 10Al cabo de tres años, el año sexto de Ezequías, que corresponde al noveno de Oseas de Israel, la conquistó. 11Salmanasar deportó a los israelitas de Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media, 12por no haber obedecido al Señor, su Dios, y haber quebrantado su pacto; no obedecieron ni cumplieron lo que les había mandado Moisés, siervo del Señor.
13El año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, atacó todas las plazas fuertes de Judá, y las conquistó. 14Entonces Ezequías mandó a Laquis este mensaje para el rey de Asiria: <<Soy culpable. Retírate y te pagaré la multa que me impongas>>. El rey asirio impuso a Ezequías de Judá el pago de nueve mil kilos de plata y novecientos de oro. 15Ezequías le entregó toda la plata que había en el templo y en el tesoro de palacio. 16Fue en aquella ocasión cuando Ezequías rompió las puertas del santuario y los pilares que Azarías de Judá había recubierto de oro, y se los entregó al rey de Asiria.
17Desde Laquis, el rey de Asiria despachó al general en jefe, al prefecto de eunucos y al copero mayor para que fueran con un fuerte destacamento a Jerusalén, al rey Ezequías. Fueron, y cuando llegaron a Jerusalén se detuvieron ante el Canal de la Alberca de Arriba, que queda junto a la calzada del Campo del Batanero. 18Llamaron al rey, y salieron a recibirlos Eliacín, hijo de Jelcías, mayordomo de palacio; Sobná, el secretario, y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf. 19El copero mayor les dijo:
-Decid a Ezequías: Así dice el emperador, el rey de Asiria: <<¿En qué fundas tu confianza? 20Tú piensas que la estrategia y la valentía militares son cuestión de palabras. ¿En quién confías para rebelarte contra mí? 21¿Te fiás de ese bastón de caña quebrada que es Egipto? Al que se apoya en él, se le clava en la mano y se la atraviesa; eso es el Faraón para los que confían en él. 22Y si me replicas: yo confío en el Señor, nuestro Dios, ¿no es ese el dios cuyas ermitas y altares ha suprimido Ezequías, exigiendo a Judá y a Jerusalén que se postren ante ese altar en Jerusalén? 23Por tanto, haz una apuesta con mi señor, el rey de Asiria, y te daré dos mil caballos, si es que tienes quien los monte. 24¿Cómo te atreves a desairar a uno de los últimos siervos de mi señor, confiando en que Egipto te proporcionará carros y jinetes? 25¿Te crees que he subido a arrasar esta ciudad sin consultar al Señor? Fue el Señor quien me dijo que subiera a devastar este país>>.
26Eliacín, hijo de Jelcías, Sobná y Yoaj dijeron al copero mayor:
-Por favor, háblanos en arameo, que lo entendemos. No nos hables en hebreo, ante la gente que está en las murallas.
27Pero el copero les replicó:
-¿Crees que mi señor me ha enviado para que os comunique a ti y a tu señor este mensaje? También es para los hombres que están en la muralla, y que con vosotros habrán de comer su excremento y beber su orina.
28E, irguiéndose, gritó a voz en cuello, en hebreo:
29-¡Escuchad las palabras del emperador, rey de Asiria! Así dice el rey: <<Que no os engañe Ezequías, porque no podrán libraros de mi mano. 30Que Ezequías no os haga confiar en el Señor, diciendo: el Señor nos librará y no entregará esta ciudad al rey de Asiria. 31No hagáis caso a Ezequías, porque esto dice el rey de Asiria: rendíos y haced la paz conmigo, y cada uno comerá de su viña y su higuera y beberá de su pozo, 32hasta que llegue yo para llevaros a una tierra como la vuestra, tierra de trigo y mosto, tierra de pan y viñedos, tierra de aceite y miel, para que viváis y no muráis. No hagáis caso de Ezequías, que os engaña, diciendo: el Señor nos librará. 33¿Acaso los dioses de las naciones libraron sus países de la mano del rey de Asiria? 34¿Dónde están los dioses de Jamat y Arpad, los dioses de Sefarvain, Hená y Avá? ¿Han librado a Samaría de mi poder? 35¿Qué dios de esos países ha podido librar sus territorios de mi mano? ¿Y va a librar el Señor a Jerusalén de mi mano?>>.
36Todos callaron y no respondieron palabra. Tenían consigna del rey de no responder. 37Eliacín, hijo de Jelcías, mayordomo de palacio; Sobná, el secretaio, y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, se presentaron al rey con las vestiduras rasgadas, y le comunicaron las palabras del copero mayor.

Explicación.

18 La caída de Samaría tuvo que causar tremenda impresión en Judá. Acaz, en los últimos años de su vida, probablemente bajo el influjo de Isaías, había logrado mantenerse al margen de rebeliones provocativas para el emperador asirio. Su hijo Ezequías tenía cinco años cuando subió al trono (nació el 733), y era todavía un muchacho cuando sucedió la catástrofe de Israel.

18,3 En este momento difícil, David tiene un digno sucesor. Parte del crédito le tocará al regente durante la menor edad. *La fecha corresponde a 20,1. Es el año 701.

18,4 Véase Nm 21,6-9. En general, la serpiente estaba asociada a los cultos de la fertilidad; su vinculación a Moisés no parece ser original. El nombre consuena con serpiente nahash y con bronce nehoshet.

18,5 De los anteriores hay que pensar sobre todo en Josafat; de los sucesores, en Josías. En su sentido religioso sobresale la confianza, la virtud más necesaria en aquel tiempo amenazador.

18,6 Síntesis de religiosidad deuteronómica: fidelidad personal al Señor y cumplimiento de los mandatos.

18,7 "El Señor con él" es resonancia y cumplimiento del nombre oracular pronunciado por Isaías antes de su nacimiento: "Dios con nosotros" ( = Emanuel).

18,8 El verso simplifica bastante los hechos en su afán por cantar las glorias del monarca piadoso. Hay que ensanchar la visión histórica para comprender lo que sigue, sin tropezar en esta síntesis parcial.

Toda la situación política está polarizada por el poder de Asiria, y se mueve en ritmo alterno de sumisión y rebelión. Las campañas de agresión y la expansión territorial de Asur producen la sumisión en régimen de terror, y la rebelión en momentos de alivio. Asiria multiplica sus enemigos al multiplicar sus súbditos. Los polos que procuran polarizar la rebelión se encuentran en dos extremos: uno al sur en Asiria, y otro en Egipto. El primero es el rey de Elam, Merodac (o sea Marduc) Baladán, que en 721 ocupa el trono de Babilonia; en 712 envía una embajada a Ezequías y en 710 es destronado por Sargón II. En Egipto está el rey de Etiopía, Tarjaca, que se ha proclamado faraón. La política constante de Egipto consistía en incitar contra Asiria a los reinos de la franja siropalestinense: filisteos, judíos y fenicios.

Elam y Babilonia se encontraban demasiado lejos para ayudar directamente a Judá; sólo podían aliviar la presión asiria con sus ataques por el sur; pero al caer Merodac Baladán, el imperio de Asiria se extendía seguro hasta las costas del océano Índico. En cambio Egipto persistió en ofrecerse como salvador. Contra el acercamiento a Egipto y la política de rebelión luchó denodadamente Isaías, con éxito parcial.

En una ocasión Ezequías atacó el reino filisteo, gobernado por un vasallo de Asiria, y se llevó prisionero a Jerusalén a dicho reyezuelo. Pero Sargón II atacó al reino filisteo de Asdod, lo sometió y ocupó una plaza fuerte en territorio de Judá.

18,9-12 Al introducir los hechos del capítulo precedente en el contexto de la monarquía de Judá, el autor muestra que la caída de Israel afecta también a Judá. Aunque enemistados, los dos reinos son hermanos, miembros del único pacto con el Señor. Ningún habitante de Jerusalén podría alegrarse o asistir indiferente a la desgracia del reino hermano.

18,12-16 Ezequías era vasallo de Asiria, obligado a un tributo anual. El año 705 murió en campaña Sargón II, y le sucedió su hijo Senaquerib. El año 703 Ezequías violó el juramento de fidelidad (Is 33,7-9), y el año 701 Senaquerib invadió Judá. Por tanto la fecha del. v.13 se refiere a la enfermedad de Ezequías.

18,14 Is 33,7-9.

18,17 Laquis era una plaza fuerte, a unos cuarenta kilómetros al suroeste de Jerusalén, conquistada por Senaquerib y elegida como cuartel general. El canal de la Alberca de Arriba es el lugar del famoso encuentro de Isaías con Acaz (Is 7,3).

18,19-25 El discurso es una tentación contra la confianza en Dios: va desmontando primero las confianzas humanas, palabras, estrategia, alianza con Egipto, y ataca después la confianza en Dios. No niega el poder del Señor, pero lo declara contrario a Ezequías y favorable al emperador asirio. Esta parte del discurso repite siete veces el verbo confiar (véase v.5).

18,21 Pueden verse los diversos oráculos de Isaías contra Egipto, no menos enérgicos que lo que dice el asirio: Is 19; 30,1-7 (Egipto es la "fiera que ruge y huelga"); Is 31,1-3.

18,22 La fórmula de confianza es litúrgica. La centralización del culto, con el derribo de santuarios locales, es interpretada como desfavorable al Señor y al pueblo. No faltaría quien pensase así también en Judá.

18,24 "Los egipcios son hombres y no dioses, sus caballos son carne y no espíritu" se lee en Is 31,3.

18,25 En la perspectiva del asirio, Yhwh mismo lo ha enviado a atacar y a destruir; en la perspectiva profética, lo de atacar es verdadero, lo de destruir es falso. Al revés, Is 14,25; véase también Is 10,6-7 sobre el plan de Dios y el del emperador asirio.

18,26 El arameo era ya entonces la lengua de las relaciones internacionales.

18,27-35 Ante el miedo de los judíos, el mensajero reacciona con arrogancia: pronuncia una amenaza insultante, intenta dividir al pueblo del rey, promete paz y bienestar, niega el poder del Señor. La palabra clave de esta sección es "librar".

18,29 Is 22.

18,30 En un primer momento, Ezequías había incitado a la confianza en Egipto, después había tomado medidas desesperadas para proteger la ciudad (Is 22). Sólo más tarde se afirma la predicación de Isaías, que exhorta a la confianza exclusiva en el Señor, y en el templo como garantía (Is 7,12-14; 30,15; 29,6-8; 31,4-6). El embajador no tiene en cuenta a Isaías, pero confirma indirectamente su predicación.

18,31-32 Las promesas del rey de Asiria suenan como las de un Dios deuteronómico: paz y bienestar, vida y no muerte, llevarlos a una tierra mejor.

18,33 Cada nación tiene su dios, cada dios cuida de su país; la guerra entre naciones es como una versión terrestre de una guerra superior entre dioses. El asirio coloca al Señor al nivel de los restantes dioses nacionales; véase Is 10,9-11.

18,36 La consigna real era evitar una disputa dialéctica en aquel momento; su silencio se funda en la confianza en el Señor.

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