lunes, 12 de agosto de 2019

2 REYES. CAPÍTULO 16.

Acaz de Judá (734-727) (2 Cr 28)

161Acaz, hijo de Yotán, subió al trono de Judá el año diecisiete del reinado de Pécaj, hijo de Romelía. 2Cuando subió al trono tenía veinte años, y reinó en Jerusalén dieciséis años. 3No hizo, como su antepasado David, lo que el Señor aprueba. Imitó a los reyes de Israel. Incluso sacrificó a su hijo en la hoguera, según las costumbres aborrecibles de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas. 4Sacrificaba y quemaba incienso en los altozanos, en las colinas y bajo los árboles frondosos.
5Por entonces, Razín de Damasco y Pécaj de Israel, hijo de Romelía, subieron para atacar a Jerusalén; la cercaron, pero no pudieron conquistarla. 6También por entonces el rey de Edom reconquistó Eilat y expulsó de allí a los judíos; los de Edom fueron a Eilat y se establecieron allí, hasta el día de hoy.
7Acaz mandó una embajada a Tiglat Piléser, rey de Asiria, con este mensaje: <<Soy hijo y vasallo tuyo. Ven a librarme del poder del rey de Siria y del rey de Israel, que se han levantado en armas contra mí>>. 8Acaz recogió la plata y el oro que había en el templo y en el tesoro de palacio y se lo envió al rey de Asiria como regalo. 9El rey de Asiria le atendió, subió contra Damasco, se apoderó de ella, deportó a sus habitantes a Quir y mató a Razín.
10Entonces el rey Acaz fue a Damasco a presentarse a Tiglat Piléser, rey de Asiria. y cuando vio el altar que había en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño del altar, con todos sus detalles. 11Antes de que el rey volviera de Damasco, el sacerdote Urías construyó un altar siguiendo todas las instrucciones enviadas por el rey. 12Cuando Acaz volvió de Damasco, vio el altar, se acercó, subió hasta él, 13quemó su holocausto y su ofrenda, derramó libación y roció el altar con la sangre de los sacrificios de comunión que acababa de ofrecer. 14El antiguo altar de bronce, que estaba situado ante el Señor, lo retiró de la fachada del edificio, es decir, entre el altar nuevo y el templo, y lo puso al lado norte del nuevo altar. 15Luego dio estas órdenes al sacerdote Urías:
-Sobre el altar grande quema el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda, el holocausto del pueblo y su ofrenda; derrama sobre él sus libaciones y la sangre de los sacrificios. Del altar de bronce me ocuparé yo.
16El sacerdote Urías hizo lo que le mandó el rey Acaz. 17El rey arrancó las abrazaderas que recubrían la base y retiró el barreño; el depósito montado sobre los tros de bronce lo bajó de su soporte y lo puso sobre las losas del pavimento. 18En consideración al rey de Asiria, quitó también la tribuna del trono construida en el templo y la entrada exterior para el rey.
19Para más datos sobre Acaz y sus empresas, véanse los Anales del Reino de Judá.
20Acaz murió, y lo enterraron, con sus antepasados, en la ciudad de David. Su hijo Ezequías le sucedió en el trono.

Explicación.

16 La figura del impío Acaz revive en esta página de historia y en los oráculos del profeta Isaías: habría que leer al mismo tiempo ambos textos.

Acaz hereda de su padre la guerra con los vecinos del norte, que intentan derrocarlo para instaurar una nueva dinastía en Jerusalén. Al ver la amenaza inminente, Acaz tiembla "como las hojas de los árboles". En esta ocasión Isaías pronuncia uno de sus oráculos memorables: la reina acaba de concebir un hijo, en el que se cumplirá la promesa del Señor a David. En el oráculo el niño se llama Emanuel (= Dios con nosotros), en la historia se llama Ezequías. El intento de implantar en Jerusalén una nueva dinastía fracasará; más aún, Damasco e Israel, atacados por Asiria, dejarán libre a Judá.

En lo religioso, el juicio de Isaías sobre Acaz es negativo. Según la presente narración, el delito de Acaz supera al de sus predecesores: primero, porque él mismo participa en el culto sincrético de los altozanos; segundo, por haber sacrificado a su propio hijo.

Es la primera vez, registrada, que un monarca de Judá cae en semejante abominación: sobre el tema pueden verse Gn 22 (Isaac); Dt 12,31; Sal 106,37; Jr 7,31; 32,35; Ez 20,26.

16,3 Dt 12,31; Jr 7,31.

16,5 Otras veces ha sido atacada Jerusalén, con variable éxito. Esta vez el ataque fracasará porque mira a remover la dinastía davídica. Cada reino tiene su capital, y cada capital su dinastía: en Judá la capital es Jerusalén, y en Jerusalén reina por la gracia de Dios la Casa de David: Is 7,7-9.

16,6 2 Re 14,22.

16,7-9 Estos versos nos dan la versión histórica de los sucesos. Acaz, para librarse del enemigo inmediato, mete en casa al enemigo más peligroso, "a las aguas del río caudaloso e impetuoso" (Is 8,7). Durante la niñez de Ezequías sucede la liberación, con la caída de Damasco; se apaga el primer "cabo de tizón humeante" (Is 7,4). También cae entonces la niñez del hijo de Isaías, que lleva el nombre oracular "Pronto-al-saqueo-presto-al-botín" (Is 8,1-4). Damasco es la primera, Israel será la segunda, ¿será Judá la tercera? (véase Is 10,9-11).

16,10 Es un viaje para rendir homenaje al rey de Asiria. De entonces datan algunas reformas en el templo, que el narrador no ve con buenos ojos: ¿por qué? El templo de Salomón se inspiraba en modelos extranjeros, y el autor lo describía con entusiasmo, con pasión. Pero Salomón actuaba como soberano, mientras que Acaz introduce sus cambios cúlticos como acto de sumisión al poder extranjero.

16,11-12 Como rey, Acaz tenía derecho y deber de atender al aspecto material del templo (véase el capítulo 12), y de ofrecer sacrificios. Como vasallo del rey de Asiria, tiene que retirar del templo los signos que pueden significar soberanía.

16,13 Sobre los diversos sacrificios y el rito de consagración del altar véase Lv 1-9.

16,15 En vez de "me ocuparé yo" leen otros "para adivinar", pensando en la inspiración de las víctimas como práctica adivinatoria. Lv 9,17.

16,17 1 Re 8,23-26.

16,18 Es dudoso el sentido de esa "tribuna del trono"; otros leen "la barrera del sábado", de acuerdo con Ez 46,1-2.

16,20 Acaz murió dejando a su hijo una herencia amenazada. Isaías llamó al rey Acaz "heredero de David", lo acusó de "cansar al Señor", lo invitó a confiar amenazando "si no creéis, no subsistiréis". En Judá hubo mucha gente que creía, empezando por el profeta con su familia y discípulos (Is 8,16-18), y también el heredero del trono de David.

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